El otro lanza maldiciones (no sabe y tiene poco conocimiento)El receptor depende cómo lo toma y está en su poder responder mentalmente y cómo lo lleva. El primero, claro, está muy mal. Cuando uno es del nivel reactivo ignora el poder potente de la palabra, sirve tanto para bendecir y maldecir, pero viendo este patrón, es inevitable pensar que el sufrimiento mundo se debe justo a eso, a la ignorancia, a la reacción, de la que el mismo mortal se hace daño y solamente está acostumbrado a vivir como el resto, no importa el tipo de etiqueta que tenga. Pero lo más curioso es que tanto el creyente como el no creyente caben en el mismo costal. En la normalidad está la reacción, la reacción está en la ignorancia y la ignorancia está en el miedo.El mundo vive su sufrimiento, porque no conoce nada más que su sufrimiento.El mundo vive sus chispas de gozo, cuando recobran un poco su chispa.El mundo es su contradicción, porque contradicción conoce.Las certezas son dudosas, la incertidumbre es rara.La Rueda del mundo gira en torno a esto.
Cambiar fondo del poema
En la lengua del mortal nace el veneno,
el otro lanza maldiciones al viento.
Ignorante, lanza palabras sin freno,
desconoce su poder, tan violento.
El receptor, con la paz como escudo,
decide qué toma y cuál dejar caer.
En su mente resuelve el duelo mudo,
elije si responder o no responder.
En la reacción vive la ignorancia,
miedo envuelto en capas de sufrimiento.
El mundo sigue su danza de arrogancia,
creyentes y no creyentes, sin aliento.
El sufrimiento se viste de rutina,
pero una chispa de gozo aún perdura.
La contradicción es línea tan fina,
certezas dudosas, el alma insegura.
La Rueda del mundo gira sin descanso,
ignorante de su propia contradicción.
En el miedo y la ignorancia su remanso,
la costumbre su única canción.