Pues por aquellos motivos, he viajado a la espesura del bosque, acomodando una colina y tallando un gran palacio de roca y flores, el agua calmaba la sed y la tierra me daba su luz. Adornada era la puerta de rosas y su arco era césped por donde ellas crecían, el palacio era de roca caliza y brillante pintando el deseo de eras pasadas.
Cambiar fondo del poema
Por aquellos motivos del alma inquieta,
viajé al bosque, misterio silente,
acomodé en la colina un sueño de piedra,
palacio de flores, eternamente presente.
El agua, mi amiga, calmaba la sed,
y la tierra dorada me daba su luz,
la puerta enmarcada de rosas en red,
arco de césped donde el tiempo reclusa.
Roca caliza, brillante testigo,
del deseo antiguo en su forma enraizada,
en un susurro del viento, consigo
las eras pasadas en su danza encantada.