Si el mortal quiere paz, primero que encarne paz, pues nada le dará paz a menos que lo sea.
Cambiar fondo del poema
En el susurro del viento reposa,
la paz que el corazón ansía hallar,
mas no habrá calma en quien no goza,
de la serena luz al despertar.
El mortal que la paz desea,
primero en sí mismo debe encontrar,
pues la paz ajena no se crea,
si la propia no se aprende a sembrar.
Como río que el monte atraviesa,
la paz fluye desde el interior,
y aquel que con su alma se conecta,
se convertirá en su propio rumor.
Solo aquel que, en su esencia, es paz,
verá que el mundo empieza a brillar,
pues nada le dará al humano paz,
a menos que en su ser la logre encarnar.