En el silencio donde nacen las palabras,creció una voz hecha de tinta y de alma,un refugio de sueños y memorias vivas,un latido constante que el tiempo no apaga,así floreció La Voz de tus Escritos, eterna y clara.Seis años han pasado como un suspiro profundo,y en cada verso quedó sembrado un mundo,historias que abrazan, que sanan, que duelen,susurros de vidas que al unirse conmueven,como lágrimas suaves que el papel sostiene.Y en el origen, firme como luz primera,late el nombre de Gladys Vega Herrera,mujer de fe, de fuego y de ternura infinita,quien convirtió el silencio en poesía bendita,y dio voz a lo que el corazón grita.Hoy celebramos más que un aniversario,celebramos el eco de lo humano y lo necesario,las manos que escriben, los ojos que leen,las almas que encuentran consuelo y creen,que en cada palabra los sueños permanecen.Que nunca se apague esta llama sentida,que siga siendo faro en la noche de la vida,porque hay voces que no mueren ni se olvidan,viven en cada lector que llora y respira…y en cada verso, simplemente, siguen vivas.Cinco estrofas
Cambiar fondo del poema
En el silencio donde nacen las palabras,
creció una voz hecha de tinta y de alma,
un refugio de sueños y memorias vivas,
un latido constante que el tiempo no apaga,
así floreció La Voz de tus Escritos, eterna y clara.
Seis años han pasado como un suspiro profundo,
y en cada verso quedó sembrado un mundo,
historias que abrazan, que sanan, que duelen,
susurros de vidas que al unirse conmueven,
como lágrimas suaves que el papel sostiene.
Y en el origen, firme como luz primera,
late el nombre de Gladys Vega Herrera,
mujer de fe, de fuego y de ternura infinita,
quien convirtió el silencio en poesía bendita,
y dio voz a lo que el corazón grita.
Hoy celebramos más que un aniversario,
celebramos el eco de lo humano y lo necesario,
las manos que escriben, los ojos que leen,
las almas que encuentran consuelo y creen,
que en cada palabra los sueños permanecen.
Que nunca se apague esta llama sentida,
que siga siendo faro en la noche de la vida,
porque hay voces que no mueren ni se olvidan,
viven en cada lector que llora y respira…
y en cada verso, simplemente, siguen vivas.