La noche enciende el oro de sus flores,
el pan respira sobre el mantel;
regresan, por caminos de colores,
los pasos que guardamos bajo la piel.
El copal sube, lenta arquitectura,
y abre en el aire puertas al ayer;
cada retrato alumbra una ternura,
cada silencio les ofrece de beber.
La muerte hoy se quita su corona
y toma entre nosotros su lugar;
la abuela, desde un marco, nos perdona
la risa que no pudimos guardar.
Cuando el alba recoja las ofrendas
y el último papel deje de arder,
quedará cempasúchil en las sendas:
el modo de la ausencia de volver.