Las almas preguntan si guarda tu pechoaquel viejo fuego que un día quemó.El tiempo dejó este camino deshechoy un triste naufragio de lo que no fue,pues toda esperanza por siempre murió.Mis manos Quisieran brindarte el intentode darnos un día la suave libertad,mas queda atrapado por siempre el lamento.Fuimos una hermosa locura de ayerque ahogó los motivos de la realidad.No puedes negar que mantienes grabadoel dulce recuerdo que el alma rindió,ni puedo olvidar que te tuve a mi lado.Aunque este destino nos quiera apartar,el lazo sagrado jamás se rompió.Clava la fría daga en mi firme dolor,quítale al sol su radiante destello,pero no niegues el grande valorde la apasionada y secreta verdad:jamás existió un romance tan bello.Tu imagen viaja ligera en el vientocomo un blanca ave que no ha de volver,dejando una marca de gris sufrimiento,mientras el alma suspira al mirarlas pálidas sombras de un bello querer.Cinco estrofas de cinco versos
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Las almas preguntan si guarda tu pecho
aquel viejo fuego que un día quemó,
y el tiempo dejó este camino deshecho,
un triste naufragio de lo que no fue,
pues toda esperanza por siempre murió.
Mis manos quisieran brindarte el intento
de darnos un día la suave libertad,
mas queda atrapado por siempre el lamento.
Fuimos una hermosa locura de ayer
que ahogó los motivos de la realidad.
No puedes negar que mantienes grabado
el dulce recuerdo que el alma rindió,
ni puedo olvidar que te tuve a mi lado.
Aunque este destino nos quiera apartar,
el lazo sagrado jamás se rompió.
Clava la fría daga en mi firme dolor,
quítale al sol su radiante destello,
pero no niegues el grande valor
de la apasionada y secreta verdad:
jamás existió un romance tan bello.
Tu imagen viaja ligera en el viento
como un ave blanca que no ha de volver,
dejando una marca de gris sufrimiento,
mientras el alma suspira al mirar
las pálidas sombras de un bello querer.