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Mi abuelo a pesar de que era un hombre analfabeta fue un hombre muy sabio y esa sabiduría consistía en lo cotidiano sabía muchas cosas sobre la naturaleza la vida tenia muchos dichos con los cuales dejaba muchas enseñanzas pero también recibía burlas por esoCinco estrofas de cinco versos

En la tierra se arraigaba su saber,  
mi abuelo, luz sin letras en su andar,  
con el viento susurraba el entender,  
tras el sol guardaba siempre su mirar,  
en lo simple hallaba perlas del mar.  

De la lluvia conocía su canción,  
sin destino, al río solía escuchar,  
cuentos de la luna tejían su razón,  
los árboles, amigos en el caminar,  
bajo estrellas, en su pecho un volcán.  

Las palabras, en su boca un danzar,  
sabio fuego que no se puede apagar,  
refranes que nacen del monte y mar,  
eran ecos que solía conjurar,  
cada frase en el alma va a quedar.  

En la risa ajena muchas veces caía,  
por la falta de signos en papel,  
pero aquel que la tierra siempre leía,  
sabe que el universo escribe en él  
la esencia pura que nunca se perdía.  

Murmullan las hojas sus memorias,  
cantos del viento que solía entonar,  
y yo, guardián de sus historias,  
cierro los ojos, lo vuelvo a escuchar,  
y siento en mi sangre su legado inmortal.

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En la tierra se arraigaba su saber, mi abuelo, luz sin letras en su andar, con el viento susurraba el entender, tras el sol guardaba siempre su mirar, en lo simple hallaba perlas del mar. De la lluvia conocía su canción, sin destino, al río solía escuchar, cuentos de la luna tejían su razón, los árboles, amigos en el caminar, bajo estrellas, en su pecho un volcán. Las palabras, en su boca un danzar, sabio fuego que no se puede apagar, refranes que nacen del monte y mar, eran ecos que solía conjurar, cada frase en el alma va a quedar. En la risa ajena muchas veces caía, por la falta de signos en papel, pero aquel que la tierra siempre leía, sabe que el universo escribe en él la esencia pura que nunca se perdía. Murmullan las hojas sus memorias, cantos del viento que solía entonar, y yo, guardián de sus historias, cierro los ojos, lo vuelvo a escuchar, y siento en mi sangre su legado inmortal.

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