Y lo más cobarde, es que en medio de esa vida, el mortal se inventa un dios de mal y oscuridad, en el que deposita las acciones que el mortal mismo comete, y haciendo eso su razón del porqué tan estúpido.
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En la sombra oscura de su ser,
el mortal inventa al dios de maldad,
con manos temblorosas, tiende a ceder,
a la culpa que arroja con falsedad.
En medio de su vida, un juego cobarde,
forja demonios, sombras en su mirar;
huye de la verdad, aunque lo tarde,
se convierte en el eco de su propio pesar.
Ciega su razón con excusas usadas,
alimenta la oscuridad con desidia cruel,
sin ver que, en su alma, las llamas ahogadas,
son las mismas que alimentan su propio papel.
Oh, mortal que el miedo te lleva a inventar,
en lugar de enfrentar con valor a tu esencia,
mientras sigas culpando al fantasma en el mar,
navegarás siempre en mares de incoherencia.